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Día Internacional de la Danza

Cada año desde 1982 se celebra el Día Internacional de la Danza el 29 de abril, como una forma de atraer la atención sobre el arte de la danza. También se busca reunir a todos aquellos que han elegido la danza como medio de expresión para que, traspasando las barreras culturales, políticas y étnicas, celebren la danza y su universalidad.

Ese día las compañías y escuelas de danza, organizaciones y particulares, llevan a cabo actividades dirigidas a una audiencia fuera de su ámbito habitual. Es un día de fiesta que celebran todos los países del mundo con espectáculos especialmente dedicados a la danza a través de clases abiertas, ensayos al aire libre, conferencias, exposiciones, publicaciones en diarios y revistas, bailes populares, programas en radio y TV, espectáculos callejeros, entre otros.

La Unesco solicita cada año a una personalidad reconocida para que redacte un mensaje que después es difundido mundialmente. Este año está a cargo de Mourad Merzouki, un bailarín y coreógrafo francés de la danza contemporánea y el hip-hop; es el actual director del Centro Coreográfico Nacional de Créteil.

Este es un fragmento del mensaje:
 
“Cada artista tiene el orgullo de su arte.
Cada artista defenderá siempre el arte cuyo contacto le ha estremecido. Por lo que ha buscado y perdido es por lo que tiene el intenso deseo de compartir. Es el eco de una voz, la escritura encontrada, la interpretación de un texto que se ofrece a la humanidad; la música sin la cual el Universo deja de hablarnos; el movimiento que abre las puertas a la gracia. Por la danza tengo el orgullo del bailarín y del coreógrafo, pero también un profundo agradecimiento. Ha sido mi oportunidad. Se ha convertido en mi ética por la nobleza de su disciplina. Es ella por lo que cada día descubro el mundo.
Profunda, dentro de mí como ninguna otra, me anima cada día con la energía y la generosidad que le son propias. Su poesía me tranquiliza. ¿Puedo decir que yo existiría sin la danza?, ¿sin la capacidad que me dio para expresarme?, ¿sin la confianza que he encontrado para superar los temores y escaparme de los malos caminos? Sumergido gracias a ella en la belleza y en la complejidad del mundo me hice ciudadano, ciudadano singular reinventando los códigos en el transcurso de los encuentros, fiel a los valores de la cultura hip hop que transforma la energía negativa en fuerza positiva.
La danza es a diario una cuestión de dignidad. Pero yo vivo esta dignidad preocupado. Constato la pérdida de puntos de referencia, la incapacidad para imaginar su futuro por parte de los jóvenes procedentes de barrios pobres que crecieron en la frustración y la tensión. Soy uno de ellos, todos somos ellos. Estoy animado, quizá más que otros, a ser un ejemplo para ayudarles a enfrentarse a la vida.
¿La sociedad no se hace más rica con la riqueza de cada uno de nosotros? La Cultura, más que otro discurso, une. Ten valor, asume riesgos a pesar de los obstáculos y el odio a los que sin duda te enfrentarás, la belleza del mundo siempre estará a tu lado, como la danza lo ha sido para mí. Con su fuerza singular que hace desaparecer las distinciones sociales, las ligadas a nuestros orígenes, dejando el movimiento de los cuerpos en su más simple humanidad; seres humanos vueltos a su expresión más simple, singular y común. Finalizo citando las palabras de René Char, que me recuerdan cada día que no debemos dejar que nadie nos encierre en un rol ya escrito.

“Impón tu suerte, encierra tu felicidad y ve hacia tu riesgo. Al mirarte… se acostumbrarán”.

¡Inténtalo, equivócate y comienza de nuevo, pero sobre todo: baila, jamás dejes de bailar!”