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La ciencia revela la habilidad de los padres que más influye en la inteligencia de sus hijos

foto: freepick

Tomado de serpadres.es

El papel de ser padres es una tarea de constante autoaprendizaje y, por la naturaleza del amor, la gran mayoría de papás busca dar a sus hijos lo mejor de sí para que, desde muy pequeños, crezcan en un ambiente propicio que favorezca su desarrollo integral e intelectual. Para ello, se recurre con frecuencia a juguetes educativos, actividades extraescolares y diversas estrategias que potencien su desarrollo cognitivo.

Partiendo de esa genuina intención, en muchos casos se puede acabar pensando, que para lograr este propósito se requiere “más”: más complejidad en las tareas, más actividades lúdico-pedagógicas, más sobreestimulación. Sin embargo, recientemente, investigadores de la Universidad de York, prestigiosa institución situada en el Reino Unido y miembro del Russell Group, apuntan a una dirección diferente.

Han descubierto que para potenciar la inteligencia en los niños se debe hacer algo muy concreto y sorprendentemente simple: la forma en que le hablas a tu hijo.

Los investigadores han estudiado lo que ocurría naturalmente en casa de 107 familias en un ambiente de vida real y no controlado, ni cohibido por situaciones provocadas artificialmente. Analizaron sus conversaciones, sus momentos de silencio, sus rutinas y su cotidianidad. El hallazgo fue claro: no es cuánto le enseñas, sino cuánto le hablas.

Separaron dos aspectos que normalmente se confunden en las familias:

Primero. El lenguaje en casa influye en la inteligencia y el desarrollo cognitivo. Segundo. El estilo de crianza influye en su comportamiento.

Esto se traduce en que se puede ser un padre muy afectuoso y transmitir buenos valores, pero si no se habla de manera recurrente con los hijos, no se estimulará suficientemente su desarrollo cognitivo. También puede ocurrir lo contrario: si se le habla mucho, pueden desarrollar su pensamiento, más no tiene mayor efectividad a que se porten mejor.

Según los investigadores, la clave no es hablar más, sino hablar mejor. Destacan que un aumento de 1.000 palabras provoca una mejora del 44% en la capacidad lingüística de los niños, no obstante, no se trata solo del número, si no la variedad de palabras que usan los padres cuando hablan con sus hijos. Cuando reciben frases más complejas, se les incentiva a organizar la mente, entender el mundo y elaborar ideas.

Por último, el estudio concluye con tres recomendaciones prácticas:

  1. Cambia las órdenes por un lenguaje descriptivo: En lugar de dar órdenes cortas como: “siéntate” o “recoge eso”, intenta convertirlas en frases como: “vamos a sentarnos para comer juntos” o “¿puedes guardar los bloques en la caja azul antes de ir a ducharte?”.
  2. Leerles cuentos infantiles y comentarlos.
  3.  Amplía las palabras de tu hijo. Es decir, cuando el niño diga una oración muy limitada, devolvérsela enriquecida. Por ejemplo, si el hijo dice sencillamente “perro grande”, se le puede responder: “sí, es un perro muy grande y parece que está contento”.

De esta manera, según los analistas, al imprimir riqueza al lenguaje de forma paulatina, no solo aprenderán a hablar mejor, sino también a pensar mejor. Y a largo plazo, los resultados serán notablemente visibles.