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“El desierto no es solamente un lugar de soledad sino un espacio de encuentro consigo mismo y con Dios”


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La experiencia del desierto como “una realidad existencial, que a todos, tarde o temprano nos toca y a la cual nos lleva el Señor”, fue el tema central de la conferencia de Espiritualidad, dirigida por la hermana Consuelo Arcila, Misionera de la Nueva Vida, el 13 de marzo, en el auditorio de la parroquia san Antonio de Padua.

 

Durante la jornada organizada por el Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta, como expresión de gratitud y espacio de formación para los bautizados que apoyan la acción evangelizadora, a través de los medios de comunicación diocesanos, la religiosa invitó a los asistentes a una conversión personal, “que la persona comprenda que realmente lo que le sucede, la experiencia de desierto, de soledad, de confrontación personal, no es algo exclusivo sino que es una realidad humana muy natural”, explicó la hermana Consuelo.

Al referirse a la espiritualidad del desierto, enfatizó en la manera como “todas las personas hemos  vivido momentos de esta espiritualidad del desierto, que es la dinámica de lo provisional, que es lo que hoy está y lo que mañana no está. Es lo mismo que sucede con las arenas del desierto. El paisaje del desierto cambia mucho porque no tiene bases sólidas como una montaña rocosa. El desierto es una realidad movediza en su aspecto geográfico; pero también se mira cómo el desierto es una escuela de lo absoluto porque  en medio de tanta variedad de paisajes le enseña a uno a mirar lo profundo del ser. Por esto, se habla de los desiertos interiores que están por doquier. No se necesita estar en el desierto físicamente, falta que uno viva una situación de crisis, de sufrimiento profundo y tiene un desierto, desierto existencial”.

La conferencia, que se adelantó en el contexto del Tiempo de Cuaresma, finalizó con la celebración de la sagrada eucaristía.