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La ciencia desvela los 5 secretos que tiene fácilmente un católico para convertirse en “Superancianos”

El paso del tiempo trae consigo una serie de desafíos que, por la naturaleza visible de los cambios biológicos impregnados en el cuerpo, suelen ser interpretados por el imaginario colectivo como la llegada de la inutilidad o la salida del rol productivo, marcada por un edadismo despectivo.

La vejez, sin embargo, puede entenderse de una manera más acertada y humanamente más noble: como el comienzo de una nueva aventura, acompañada de mañanas tranquilas y de un redescubrimiento del sentido de la vida. Muchos llegan a preguntarse cómo disfrutar plenamente esta etapa y prosperar en ella sin dejarse aprisionar por el peso de los años.

Ante este planteamiento de franca espontaneidad, la ciencia ofrece una respuesta a ese anhelo. Esta vez, un fascinante descubrimiento de la Universidad Northwestern brinda una pista inspiradora sobre los llamados SuperAncianos.

A través de una investigación que se prolongó durante 25 años, se descubrió que muchas personas mayores de 80 años, apodadas “SuperAgers” que traduce Super Ancianos, poseían una memoria que no solo se mantenía intacta, sino que incluso se equiparaba con la de personas varias décadas más jóvenes.

Lo que llama la atención es que el hallazgo no corresponde a lo que normalmente cualquiera esperaría, como una rutina intensa de ejercicios o una dieta especial. Se trata de otros aspectos que los católicos, particularmente, pueden poner en práctica para vivir una vejez larga, plena y llena de significado.

Primera. Mantente sociable: tu cerebro lo agradecerá.

Salir a tomar café con ese viejo amigo de la juventud, decir sí a ese encuentro con el grupo parroquial, unirse al club local para practicar la afición favorita o asistir a cualquier actividad organizada en un centro para personas mayores, redunda en un beneficio integral para la mente y el bienestar general.

Los SuperAncianos demuestran que una interacción regular y significativa los mantiene jóvenes de corazón y con una mente ágil. Y, si la presencialidad no es posible, una larga llamada telefónica también puede producir efectos semejantes.

Segundo. Mantente activo: física y mentalmente

La jubilación o la disponibilidad de un mayor tiempo para sí mismo brinda la oportunidad de reinventar los días, prestando especial atención al movimiento. Un tranquilo paseo matutino o inscribirse en una clase de ejercicios junto con amigos hará que los beneficios físicos y mentales no tarden en manifestarse.

Mantener la mente activa es igual de importante. Leer, desarrollar una nueva habilidad o practicar un hobby también contribuirán al bienestar deseado.

Tercero. Sirve a los demás: encuentra un propósito para donarte.

Una de las estrategias observadas en los SuperAncianos consiste en compartir su tiempo y sus talentos con los demás. Hacer voluntariado en la parroquia, servir como mentor para alguien más joven o cocinar para quien lo necesite son acciones que ayudan a encontrar un profundo propósito en esta etapa de la vida. Ya lo dijo Cristo: “Es más bendito dar que recibir”.

Además, ayudar suele implicar interactuar con otras personas, por lo que vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de mantener una conexión cercana con los demás.

Cuarto. Nutre tu espíritu: apóyate en la fe y la gratitud.

Durante la etapa de mayor productividad laboral, con frecuencia los asuntos espirituales quedaban relegados a la disponibilidad que permitiera la apretada agenda de ocupaciones. Ahora, en cambio, se goza del regalo del tiempo para dedicárselo en mayor medida a Dios.

Hacer oración, participar en un estudio bíblico o asistir diariamente a la Eucaristía son prácticas que han demostrado contribuir a reducir el estrés y favorecer una paz interior prolongada.

Quinto. Aprovecha el momento y mantén una actitud positiva.

Envejecer bien tiene mucho que ver con la actitud. Los SuperAncianos afrontan la vida con resiliencia. En lugar de concentrarse en lo que han perdido con el paso de los años, se sienten agradecidos por lo que han ganado: experiencia, sabiduría y libertad.

No luchan contra el curso natural del tiempo; aprovechan cada momento y atesoran cada recuerdo. Sumado a ello, dejan atrás los rencores y aprender a a reírse de sí mismos como una terapia de autorreconocimiento. Con su vida, testimonian que mantener un espíritu joven no consiste en fingir que se tiene la mitad de años, sino aceptar en el tiempo que estás, con 60, 70, 80 años o más, encontrando su belleza en ello.